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El verdadero trabajo de sus hijos

El verdadero trabajo de sus hijos

Hace algunos meses, asistí a una ponencia que impartía un afamado Doctor en Psicología. Éste cuenta con una enorme experiencia en el campo infantil, ámbito en el que ha desarrollado su carrera profesional. El tema a tratar, “las estrategias y pautas educativas en la infancia”

Al terminar la conferencia y comenzado el turno de preguntas, uno de los asistentes, identificándose como orientador de estudios de un colegio, cuyo nombre, permítanme no mencione, le interpeló respecto de la desproporcionalidad en la motivación que los menores muestran respecto de la ocupación del tiempo dedicado al juego frente a las tareas escolares y sus posibles mecanismos correctores.

La respuesta del profesor nos dejó a todos perplejos.

Créame, el verdadero trabajo de sus hijos es jugar. Esa es su principal tarea y a ella tienen que dedicarse en cuerpo y alma.

Apuntó seguidamente que nos equivocamos al banalizar la importancia del juego en el desarrollo personal de nuestros hijos, pues todos los estudios apuntan a la inmensa trascendencia que el juego comporta en la adquisición y fortalecimiento de la personalidad de los menores.

De no ser por la observación del juego de sus hijos, los profesionales, y ustedes mismos, difícilmente alcanzarían los conocimientos precisos sobre la psicología del niño y consecuentemente, sería prácticamente imposible hacer el seguimiento de su evolución.

La motivación de la que usted me habla, respondió dirigiéndose al orientador, tiene que ver con el placer, pero gracias a la consecución del placer que le reporta el juego, el menor activa su sed de libertad, acción y ficción.

El problema lo tenemos los adultos al interpretar que no se trata de una actividad demasiado formal, pues tendemos a comparar la importancia de nuestras actividades cotidianas, que en principio son tan relevantes, con las actividades lúdicas del menor, menospreciándolas, sin percatamos que para el menor el juego es una realidad muy seria, tan seria como la realidad de cualquiera de ustedes, que implica, en ocasiones, grandes retos y esfuerzos, así como fracasos.

Aunque sólo tuviéramos en cuenta la aportación beneficiosa en el campo de la psicomotricidad, afectividad social e intelectual, el juego ya sería un recurso inapelable en el desarrollo vital del niño.

Estamos acostumbrados a pensar, continuó en su argumento, que el menor no sigue ninguna pauta en el ejercicio de sus juegos. No nos damos cuenta que gracias a su práctica, el menor se hace consciente de las consecuencias que va observando, una especie de principio de acción-reacción, que el niño integra en su conocimiento y que le conduce a algo tan importante como la reflexión.

Expuso entonces, varios ejemplos del acercamiento que había conseguido hacia el menor gracias al juego y concluyó afirmando que en su carrera profesional, siempre que había intentado contactar con la problemática de los menores, de alguna manera u otra, el canal de conexión había sido el juego pues el juego del menor materializa de forma clara y abierta la expresión del menor.

Por último sentenció diciendo algo que no se me olvidará nunca.

Gracias al juego del menor conseguimos la propia educación. Probablemente sea, independientemente de lo que pensamos los adultos, la mejor arma con la que cuenta un menor, pero también el adulto, para descubrir e integrarse en el mundo que le rodea.

Por lo tanto, usted me pregunta por los mecanismos correctores en esa educación académica y la respuesta aparece en su propia pregunta, yo le respondo con una palabra. Juego.

El problema de la humanidad no está en que nuestros menores jueguen en demasía, sino todo lo contrario.

Desde URBASPORT tomamos nota de la sabiduría de los especialistas e intentamos construir un trampolín que nos conduzca a formar un futuro repleto de adultos cuya infancia se haya visto respaldada por un abanico ingente de juegos.

Félix Fco. Fraile Castelao

Coordiandor General Urbasport

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