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Parques infantiles de ayer y hoy

Parques infantiles de ayer y hoy

Pertenezco a una generación, que a parte de estudiar en un sistema educativo que nos identifica como los niños de EGB, se encontró con un país en absoluta transformación. El proceso de mutación fue lento pero radical.

Los que lo vivimos, hablamos de aquella época con una enorme mocedad. De unos tiempos que se nos antojan, la mayor de las veces, como más sanos y quizá hasta mejores. Tiempos en los que los payasos de la tele componían la banda sonora de nuestras vidas. Tiempos en los que el aprendizaje se amenizaba con entretenimientos televisivos  en programas como un globo, dos globos tres globos y otros espacios que sin duda seguían el mismo patrón de infinita ingenuidad.

El túnel del tiempo, probablemente, nos juega una mala pasada y nos hace ver aquella época con hermosos y variopintos colores, aunque la realidad posiblemente sea otra. Cierto es, que aquella generación no podemos dibujarla en blanco y negro, pero no es menos cierto que la transición al color, nos coloca en un tono sepia, el mismo que nos muestra los recuerdos fotográficos que todos tenemos de entonces.

El año próximo cumpliré la cincuentena y afortunadamente me siento todos los días rejuvenecido por mis dos hijos de nueve y cinco años.

Hoy quisiera hacerles una confesión.

Tengo una doble perspectiva respecto de las opciones de ocio que tuvimos los que disfrutamos de la infancia en mi generación y la actual.

En primer lugar  debido a la conexión que todo padre conoce y tiene respecto a los entretenimientos de sus hijos.

En segundo lugar  porque trabajo en una empresa, URBASPORT, que se ocupa, en uno de sus departamentos, en concreto en el de parques infantiles y equipamientos de ocio infantil, de dotar a nuestros pequeños de algunos de los muchos elementos con los que cuentan hoy en día para aprender, jugar y educarse.  Razón por la que conozco de primera mano la oferta amplísima de posibilidades que el mercado ofrece e inventa todos los días para el uso de las prácticas de juego en zonas infantiles.

Ahora toca hablarles de mi confesión.

Cuando en las celebraciones, me reúno con otros padres y madres, generalmente los cumpleaños de los amigos de mis hijos, es bastante habitual escuchar una queja reincidente. “Ahora lo tienen todo y nosotros nos divertíamos más con los juegos de entonces” Frase que por otra parte me temo que se repite de generación en generación.

A partir de este comentario, comienza una retahíla interminable de los entretenimientos de aquella época. Las canicas, el pilla-pilla, los cromos, civiles y ladrones, los columpios…Si, esos columpios que aunque fueran de hierro nos proporcionaban mayor diversión que la mejor de las instalaciones existentes en la actualidad, además de facilitarnos fortaleza mental, debido a las inevitables lesiones, que de una manera u otra, todos sufríamos debido a un suelo de tierra o gravilla, unos equipamientos metálicos u otros utensilios que entonces eran de uso normal.

Para colmo se termina sentenciando que nuestras heridas las curaban nuestras madres con un beso milagroso.

Créanme, no discuto que lo pasáramos en grande, pues un niño es una fuente inagotable de imaginación, pero no hace falta ser un profesional y conocer la normativa existente para afirmar que los juegos de entonces eran peligrosos y precarios, ah! y por experiencia,  las heridas no se curaban con un beso de mamá sino con un asqueroso potingue llamado mercromina y el alcohol, que era un invento del demonio.

Cada vez que veo las instalaciones con que cuenta  un parque infantil actual, de los que hoy disfrutan nuestros hijos, sin tener en cuenta los parques interiores, que los padres conocemos como “de bolas” me muero literalmente de envidia.

De verdad, no puedo por menos que pensar todo lo que habría disfrutado saltando y brincando dentro de esos maravillosos y endiablados aparatos.

Equipamientos pensados para el ocio del menor, enormes, interminables, atractivos,  y en los que se ha tenido en cuenta que los diminutos suelen tener una irremediable tendencia a rodar por el suelo y  por lo tanto, por su seguridad, han de cumplir unas normas indiscutibles.

Termino mi confesión, afirmando que en cuanto juegos, si pudiera, me cambiaría por ellos ahora mismo, no me cabe la menor duda. Les tachamos, por no entretenerse con un palo. ¿Pero es que somos idiotas? Pues normal, si tienen áreas increíbles ideadas para su ocio, entretenimientos basados en juegos inimaginables en nuestra época, como todos los juegos informáticos, y actividades al aire libre tan sanas y a la vez educativas¿ Cómo van a elegir un palo?

Termino mi confesión diciéndoles que puedo estar equivoca, sólo es una opinión, pero pienso que la luz fue un grandísimo invento, y aunque encendemos velas para contextualizar momentos determinados, nadie las utiliza para iluminar sus casas. Bueno…quizá, por lo único que no me cambiaría por mis hijos es porque tendría que volver a clase.

Desde Urbasport, atendemos todas las demandas de espacio de ocio infantil y entendemos la importancia que tienen para su educación y socialización.

 Félix Fco. Fraile Castelao.

Coordinador General Urbasport.

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